La pintura actual no deja de sorprenderme

Como aficionada a la pintura, a pesar de que hace años que no cojo un pincel, no puedo evitar prestar especial atención a la tendencia actual tan opuesta de crear escenas hiperrealistas que parecen fotografías y crear estampas que parecen sacadas de un cómic, de un realismo mágico. Lógicamente hay otros estilos y tendencias pero estas dos me llaman especialmente la atención porque están en auge y son esencialmente contrarias.

Mientras que la escena hiperrealista busca mostrar una escena de la vida diaria que bien podría ser una imagen fotográfica, el otro tipo de pintura parece presumir de las manchas de color recortadas con trazos negros que remarcan el dibujo, con poca textura y matices simples, recordando así al dibujo de cómic o al que hace un aficionado al Paint.

En El Quatre podemos ver claramente ambos tipos de arte de la mano de Carlos Marijuan (hiperrealismo) y Pablo Maeso (Realismo mágico) y apreciar cómo ambos estilos son especialmente admirables por conseguir que parezca sencillo lo que, obviamente, no lo es.

Y es que para pintar, además de técnica y estudios, hace falta una sensibilidad especial. También ocurre lo mismo con el resto de artes, ya sea la música, la actuación o el baile, pero en la pintura cobra especialmente importancia cuando vemos cosas como esta donde, a pesar de ver algo que es aparentemente opuesto, podemos ver también cómo el sentimiento emana en ambos tipos de pinturas.

Aprendiendo a ver desde otros ojos

Actualmente me dedico a vender las obras de los demás. Me cansé de pintar y no conseguir nada, y me cansé de vivir con cuatro euros en el bolsillo. Ahora, si pinto lo hago solo para mí, porque me apetece, y me dedico en cuerpo y alma a conseguir exposiciones y ventas a jóvenes artistas, consagrados o no, que quieren hacerse un hueco en el panorama español. Esto me ha dado la oportunidad de aprender y valorar mucho más lo que consiguen hacer los demás, pues antes era de las que pensaba que, con tiempo, podía pintar casi cualquier cosa. Ahora sé que no es así, simplemente porque cada uno es especial en su estilo y aunque intentes copiar un cuadro de otra persona, un experto encontrará matices que te descubran. De hecho, por muy buenas que sean, las copias y falsificaciones siempre se delatan ellas solas.

La pintura de Van Gogh ha sido reproducida por activa y por pasiva en medio mundo un millar de veces, y aunque hay copias de “Los Girasoles” verdaderamente buenas, es fácil saber cuál es la verdadera obra de Van Gogh y cuál no. Del mismo modo es fácil leer un cuento, una novela o un ensayo y saber si pertenece a un artista o a otro por su forma de escribir, redactar o expresarse. Es el sello que le damos cada uno de nosotros a todo lo que hacemos, y ese sello es el que marca la diferencia.

Hace un par de semanas inauguré una exposición en Barcelona con obras de tres hermanas mellizas que pintan cuadros tanto en solitario como en conjunto. Son las tres verdaderamente impresionantes pero cada una deja siempre una marca diferente en lo que pinta, por sus trazos, por la forma en la que suelta la pintura sobre el lienzo, por su sentimiento. Para el evento contratamos a Mag Catering con el fin de que sirvieran un cóctel previo al descubrimiento del cuadro más imponente de toda la obra. Lo pintaron las tres juntas y mide tres metros de largo por metro y medio de ancho, una panorámica perfecta de la ciudad de Barcelona, hiperrealista, una fotografía con todo lujo de detalles y, sin embargo, si dedicas el tiempo suficiente a admirar los detalles, podírás adivinar qué ha pintado cada una de ellas. Magnífico.

Atrás quedaron ya las colecciones de Picasso, Velázquez o Dalí, aunque ellos nunca jamás pasen de moda, porque ahora un nuevo modo de ver el mundo se abre paso entre la sociedad, ¿o tal vez debería decir dos modos de ver el mundo? Uno, con los pies en la tierra, calcado de la vida real, el otro como una visión más animada de la misma vida, más alocada y más esperpéntica, pero igual de real que el primero.