Un salón divino

Debo ser un poco masoca porque no es normal lo que hago. Siempre me han gustado los trabajos manuales y, aunque alguna mente inquieta ya estará pensando cosas que no son, yo solo me refiero a trabajar con las manos, manualidades, bricolaje y temas similares. Ahora bien, una cosa es eso y otra hacer obras porque, por pequeñas que sean, siempre provocan situaciones que nadie quiere tener en casa.

Sin embargo, en mi humilde opinión, pintar las paredes no se considera obra, o yo no lo consideraba hasta ahora, y por eso, a pesar de que juré y perjuré tras la última vez que pinté a mano toda la casa que no volvería a hacerlo yo sola, me he vuelto a armar de valor para aprovechar que voy a cambiar los muebles del salón. Pensé que así, todo tendría un aire diferente.

Lo primero que hice fue elegir los muebles porque, basándome en ellos y en la decoración, elegiría la pintura. Lógicamente miré en la página web de Ikea, eso es algo que no se puede evitar, da igual que tengas pensado mirar en tiendas físicas locales o en tiendas de muebles online de otras compañías porque al final siempre hay una especie de fuerza sobrenatural que te empuja a echar un ojo a la tienda de muebles suiza. Pero, como esperaba, no encontré nada que se adecuara exactamente a lo que andaba buscando, eso sí, al ver la galería de fotos supe que quería muebles blancos y paredes grises…. Me encapriché.

Fue en Dismobel donde localicé por fin lo que andaba buscando.  Me decanté por un mueble de televisión de la línea Cannes, en blanco y superficie color madera, y dos vitrinas de cristal de la misma línea, rústica pero elegante, muy a la moda actual. La mesa de comedor no pensaba cambiarla, pero sí las sillas. Elegí las Surfer Aspa, preciosas, en blanco también, muy combinables y elegantes. Hice el pedido, y mientras esperaba en casa la llegada de mis muebles nuevos me puse manos a la obra con la intención de pintar las paredes del salón.

Manos  a la obra

Compré la pintura en Multipinturas.com y empecé a vaciar toda la estancia. Dentro se quedó el sofá, porque no podía sacarlo yo sola y lo cubrí con un plástico para evitar accidentes indeseados. Eso ya me llevó casi un día, por lo que podríamos decir que por muy ilusionada que una esté, los preparativos previos ya te agotan el primer día de trabajo.

Una vez que todo estuvo vacío empecé a tapar, con cinta de carrocero, marcos de puertas y ventanas, enchufes y, por supuesto, rodapié. Hay quien prefiere no tapar el rodapié pero ya os adelanto que se mancha con pasmosa facilidad así que yo os aconsejo hacerlo, que no cuesta tanto y merece la pena. Mínimo pasarás otra mañana con este tema y empezarás a pintar, con suerte, por la tarde. Las dos capas de pintura no te las ahorra nadie, y como tengas gotelé con gota grande vete preparando porque puede que sean tres capas y teniendo en cuenta que entre capa y capa hay que esperar un mínimo de dos a tres horas hazte a la idea que estarás tres días enfrascada en la dichosa pintura.

Al final, una semana para pintar una mierda de salón, que ni siquiera es de los grandes y yo hasta las narices y volviendo a jurar y perjurar que no volvería a pintar yo sola las paredes de mi casa. A la próxima llamo a profesionales. Eso sí… ahora tengo un salón divino.